Afortunadamente se marcha  un año que ha ocurrido con mucha pena y poca gloria. Un año para no olvidar, porque va a ser realmente difícil que lo que ha sucedido en 2020 se borre de la memoria colectiva durante muchas generaciones. El año que supimos de la fragilidad del ser humano frente a la incertidumbre y el temor. Las lesiones que ha dejado en la sociedad serán bien difíciles de sanar.  Por esto hay que despedir a este año como se merece, con la responsabilidad y experiencia que  las adversidades nos han enseñado durante esta traumática pandemia. No entendemos cómo se recordará más adelante, por año que despedimos. Quizás sea inmortalizado como aquél periodo en que todo cambió. El año que nos encerramos para defendernos de un virus mortal que nos arrebató la independencia de abrazar a las personas más allegadas y amigos o bien el año que aprendimos que, enserio, la salud era lo verdaderamente considerable y que la ciencia debe estar al servicio de la vida. De cualquier forma el 2020 debe figurar como un año perdido, en el que las ciudades se vaciaron de personas y en muchos casos se llenaron de solidaridad. Si bien no todo fue como nos hubiera dado gusto.

En el momento en que, pasado mucho tiempo, se investigue sobre el año 2020 se apreciarán de forma particular las faltas que nos ha entregado la pandemia.  En Cáceres desaparecieron los viajeros que nos visitan todos los años, quedando la ciudad monumental solitaria y huérfana de vida.  No hubo Semana Santa que llenase las  plazas de fragancia a incienso y romero, tampoco vinieron los ‘womeros’ a anegar calles de  aroma a ‘maría’ y retumbar de tambores. San Jorge pasó de film en este año y no hizo parada en la Plaza Más grande, para rematar al pérfido dragón que cada 23 de abril se deja ver por estos lares. No vino ‘Robe’ a despedirse y los ‘extremusiqueros’ tampoco nos honraron con su presencia. 

En el momento en que se quiera escribir sobre le 2020 también se darán cuenta que no hubo ferias, anteriormente sólo suspendidas en tiempo de guerra. Tampoco devotas campuzas para recibir a la patrona en Fuente Concejo. Es tal y como si la localidad se hubiese olvidado de sus fiestas y tradiciones, ante la necesidad de concentrarse en una pelea dispar contra un virus, que se ha llevado por enfrente la vida de demasiadas personas a las que todavía no les correspondía el viaje eterno.

Esperamos que el año que va a iniciarse sea diferente, para regresar a sentir cerca a una ciudad viva, con una vida social y cultural que debe volver a ser seña de identidad local. Un año para volver a la normalidad de abrazos y parques, donde los niños saltan desde  toboganes y columpios y los superiores pasean plácidamente. Atrás quedara el recuerdo de miles de desgracias  que han vivido los que perdieron su trabajo o bien a sus conocidos cercanos. También ha de ser el año del esfuerzo comunitario para salir de una situación que nos debe hacer más fuertes.  Por esto quisiera desearles lo mejor a todos y cada uno de los que de forma habitual, ojean estas crónicas. Nos vemos en el 2021, con más ganas que jamás. Cuídense.






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