308.938,7 hectáreas con una producción de más de cuatro millones de toneladas y alrededor de 15 millones de animales fueron cubiertas por el seguro agrario en Extremadura en 2019. Se firmaron 31.299 contratos entre agricultores y ganaderos por un capital protegido que alcanzó los 1.100 millones de euros. Cifras que igualarán a las de este año, en el que, al menos por ahora, las actitudes no culpan a la crisis del coronavirus.

– ¿Cómo ha afectado Covid-19 a los seguros agrícolas?

– Dado que antes prácticamente todo se hacía por telemática, el impacto de la contratación fue bastante pequeño y de hecho las políticas se siguieron cumpliendo con casi absoluta normalidad. Donde más afectó fue el tema de la experiencia. Allí nos ocupamos principalmente de la monitorización remota durante visitas anteriores. Consiste en que el perito contacta al asegurado a través de una plataforma y con su teléfono móvil le muestra la acción al perito que lo orienta y se hace una idea bastante aproximada del problema que tenía: cuando el granizo tiene frutos en el Lanzado o no, defoliación, golpes … Gracias a él hemos llegado a donde no podríamos haber llegado de otro modo en este momento. Ahora estamos combinando este sistema con revisiones personales, especialmente sobre las impresionantes granizadas que hemos tenido.

– ¿Continuará este sistema de control remoto en el futuro?

«Seguro que creo que es algo que vino para quedarse con nosotros».

– Dicen que la contratación no ha sufrido en los últimos dos meses. Entonces, ¿son buenas las previsiones para la campaña?

-Si. Por ejemplo, una de las producciones más encargadas de la región, la fruta, está prácticamente 100% subcontratada. Menos kilos que el año pasado, ya que en esa época se contrataron muchos seguros adicionales por la gran cosecha, pero esta temporada la media es incluso superior a un año normal en Extremadura. Del orden de 275 millones de kilos. Y cuando se trata de tomates, ya estamos en 22.000 hectáreas. No hay diferencias significativas respecto al año anterior en cuanto a contratación.

– ¿Cree que esta crisis mejorará la percepción del sector agrario y su valor como actividad estratégica?

– Eso espero y de alguna manera nosotros como consumidores, quienes somos todos, estamos tomando un poquito más de conciencia de que tenemos que apoyar lo nuestro, aunque a veces sale un poco más caro porque nuestros agricultores y ganaderos lo siguen haciendo en estos tiempos difíciles. usó una mano para que pudiéramos seguir comiendo.

– En la situación actual, ¿cree que las administraciones necesitan ahora una mayor implicación para facilitar la celebración de contratos de seguros?

– En primer lugar, es necesario reconocer la implicación que ya tienen hoy el Ministerio de Agricultura y el Ministerio. Sin las subvenciones, el seguro agrícola en general no sería viable. Entonces si pueden ayudar un poco más, mejor, pero hay otras comunidades que no apoyan la contratación y sin embargo Extremadura está con el 40% de la subvención de Enesa.

– ¿Tiene ya una valoración de los daños causados ​​por las tormentas registradas en la región en marzo y abril?

-Estamos en marcha. En muchos huertos, dada la gravedad de los daños, hicimos la evaluación final de inmediato, ya que estaban prácticamente aplastados. En otros casos, se realizó una inspección inmediata o visita previa donde de alguna manera cuantificamos cuál es el problema y posponemos la valoración final del daño a un momento cercano a la recolección. En cualquier caso, bajo el granizo y algunos problemas de los que nos quejamos por la falta de producción de fruta, podemos hablar de una valoración de alrededor de 15 millones de euros en la comarca en el sector frutícola. En la cereza, donde seguimos con los problemas crónicos de actitud, que rondarán el 15%, los daños provocados por el granizo y el agua, nos hace pensar en indemnizaciones de alrededor de un millón y medio de euros.

– ¿En qué medida se adaptan los seguros agrícolas al cambio climático?

– Si algo destaca al seguro agrario es por su dinamismo. Ha pasado de ser un seguro de cobertura muy simple como el granizo y luego las heladas a ser tan complicado como la falta de fruta. La cobertura se ajusta año tras año para diferentes cultivos en función de lo que se requiera de nosotros. En cualquier caso, creo que desde el momento en que ya hablamos de seguro de devolución en muchas producciones, todo siniestro que sea de origen climático está cubierto.

– ¿En qué sectores hay todavía un mayor margen de crecimiento para la contratación de seguros agrarios?

– Los frutos, tomates o arroz, generalmente cultivos de regadío, se contratan prácticamente al 100% en la región. Hay dos sectores con una contratación relativamente débil, a saber, el cerezo y el olivar. Luego está el viñedo, que tiene un ajuste del 30% o 40% que no sube ni baja, pero que tiene una fidelidad impresionante. Creo que la cereza es un problema mucho más complejo. Es un cultivo de alto riesgo, especialmente debido a la lluvia. La tasa de siniestralidad histórica de este seguro ronda el 150%, lo que significa que pagamos 150 de prima por cada cien euros. Y no hay forma de bajarlo, pero hace un par de años se hizo una apuesta por las primas con un módulo especial para la provincia de Cáceres, que solo cubría lluvia y granizo. Gracias a ello y a una subvención de la Junta de Extremadura, los costes para los asegurados fueron bastante asequibles. Y la gente no respondió. Y este seguro, que algunos consideran inútil, compensará ahora en torno al millón y medio de euros y subirá con el agua cuando los cerezos hayan pagado medio millón. Ya tienen lo que pagaron multiplicado por tres y todavía estamos iniciando la campaña. Es un poco como el seguro de pastos aquí. Son los dos sectores que más nos cuestan, pero donde más nos critican.


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