El área agroalimentario ve con optimismo la elección de Joe Biden en USA frente a la oportunidad de que este cambio en la presidencia logre llevar a una retirada de los aranceles a artículos que proceden de la Unión Europea. Desde octubre del 2019, artículos como la carne de cerdo, los quesos, el vino, el aceite de oliva, las aceitunas de mesa, o las conservas vegetales, aguantan un tributo arancelario del 25% para entrar al mercado estadounidense. En el caso de la aceituna negra, desde noviembre del 2017 padecía un gravamen adicional, que ya había hecho desplomarse previamente las ventas en el mercado norteamericano.

EEUU no es uno de los principales destinos de la exportación extremeña. Ni para el grupo de los envíos, donde es el décimo país por volumen económico, ni para el caso particular de los alimentos y bebidas, donde ocupa el decimotercer puesto. No obstante, sí que es un mercado con un enorme atractivo por su aptitud de consumo, y en el que el comercio exterior de la región había tenido una evolución muy efectiva en los últimos años, multiplicándose durante más de cuatro la facturación entre el 2009 y el 2019, hasta superar los 36,7 millones de euros el ejercicio pasado.

No obstante, en lo que se refiere a la nutrición esa buena marcha se frenó desde el 2017.Entre enero y agosto de ese año se hicieron envíos en este capítulo por importe de 8,3 millones de euros, un 27% más que los que se llevan acumulados el presente ejercicio y un 21,9% por encima de los del mismo periodo del 2019.

«Nosotros estábamos haciendo un trabajo con EEUU no en una proporción que fuera esencial para la viabilidad de la compañía, pero sí teníamos unas perspectivas de desarrollo destacables», indica Eufrasio Merino, gerente de Aceitunas Merino. Antes del arancel, que llegó a finales del 2017, esta empresa localizada en la población cacereña de Moraleja enviaba al mercado estadounidense aceitunas deshuesadas o bien laminadas, que se empleaban como complemento en pizzas, ensaladas y platos preparados. En conjunto, este destino suponía aproximadamente un 15% de su facturación anual (unos 2,6 millones en conjunto). «Todo cuanto se hacía para Estados Unidos se dejó de hacer», resume. En el 2019 la compañía logró sostener el nivel de ventas «con muchos sacrificios, costes más confrontados y achuchándose en otros mercados», hasta que la pandemia le causó otro golpazo semejante en la facturación.

«Va a llevar su tiempo»

Merino confía en que la relación comercial transatlántica optimize, mas es consciente de que no será una cuestión que cambie «de un día para otro». «Hay esperanza e ilusión, pero esto llevará su tiempo. Es buen paso para nosotros que no siga Trump, porque de lo contrario, lo que es seguro es que no los hubiese quitado», concluye.

Almazara As Pontis es una compañía con una clara vocación exportadora. Tres cuartas unas partes de su producción va a parar fuera de las fronteras españolas. EEUU no se encuentra dentro de los destinos que representa más grande volumen de sus expediciones pero, con todo, nucléa en torno a un 10% del valor. «Llevamos bastantes años haciendo un trabajo allí con unos cuantos importadores-distribuidores. Y exactamente la semana pasada sacamos otro palé para un nuevo cliente», apunta Ángel Serrano, director de Exportación de esta almazara con origen en la ciudad cacereña de Eljas, que comercializa principalmente aceites gourmet con la etiqueta Vieiru. «Claro que han perjudicado los aranceles. Al final son un sobrecoste que obliga a achicar márgenes para tener repercusión ese aumento lo menos posible al cliente», esgrime, al tiempo que asegura que además el tamaño de los pedidos se ha visto mermado. «Hemos sentido que, en lugar de pedir tres o bien cuatro palés, solicitaban menos cantidad al ser el coste mayor», detalla. Sobre un posible cambio en la política comercial con Biden, apunta que «Esperemos que se eliminen los aranceles, pero todavía no hay nada seguro».

También al área quesero le pasaron factura las medidas proteccionistas. Quesos del Desposar exporta a día de hoy su torta Gran Desposar y su queso de cabra Viejo maestro a numerosos importadores en EEUU. «Más allá de que no es un volumen realmente fuerte, para en estos instantes piensa ingresar en un mercado con un enorme potencial de desarrollo hasta ahora copado por los quesos italianos, franceses y manchegos, a tenor de nuestras visitas a los principales ‘retails’ en Nueva York», precisa Ricardo Vivas, director comercial de esta firma casareña.

En este mercado la compañía va a vender este año alrededor de 1.200 kilogramos con una facturación de unos 18.000 euros, menos de la mitad que antes de la llegada de Trump. La penalización «supuso un aumento de los aranceles para el queso de hasta el 25% que dinamitó de un plumazo los pedidos llegando incluso a generarse anulaciones y un periodo de numerosos meses sin pedidos. El importador comprendía que quesos como la torta tan especiales no tendrían cabida en el mercado americano si repercutían la subida del arancel», añade Vivas. «Finalmente reconducimos la situación con una rebaja de dos dígitos para poder al menos continuar enviando algo de queso», apostilla.

Tampoco los vinos se vieron libres de los impuestos. La región exportó caldos con destino a EEUU de algo menos de setecientos mil euros entre enero y agosto. «En Extremadura el 90% del vino se exporta a granel, del que como es lógico EEUU no es nuestro país receptor. Y de vino embotellado el porcentaje que se manda es muy pequeño», aclara Jacinto Guerra, secretario técnico de la Asociación de Empresas Vinícolas de Extremadura (Asevex). Por esta razón, «no ha habido una incidencia grande» a causa de los aranceles. «Aún es pronto. Aguardemos a ver qué sucede con la nueva administración, porque todavía no sabemos nada. Cuantas menos trabajas haya al mercado internacional, pues mejor, indudablemente», añade Guerra que, en cualquier caso, incide en que ahora mismo esta es para el área vitivinícola una cuestión menor. «El problema del vino no es Trump, sino más bien los millones de botellas que no vamos a vender este año porque no habrá cenas de Navidad y no se consume ni en bares ni en sitios de comidas», lamenta. 

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