John McEnroe sabe una cosa o dos sobre arrastrar la fama de difícil, temperamental e iracundo ganada a pulso. Por eso a Novak Djokovic le convendría meditar sobre el análisis que McEnroe ha hecho sobre el futuro del número uno del mundo, especialmente tras su calamitoso incidente en el Abierto de Estados Unidos el domingo.

En un torneo inusual como todo en los tiempos de coronavirus que ponía al serbio en bandeja su decimoctavo título de Grand Slam, ‘Nole’ dijo adiós el domingo, descalificado tras golpear a una jueza de línea sin intención con un pelotazo lanzado en un gesto de frustración ante Pablo Carreño Busta.


“Ahora, le guste o no, va a ser el tipo malo por el resto de su carrera. Será interesante ver cómo maneja eso», le ha dicho a ESPN McEnroe, que buscaba más el enfrentamiento que Djokovic, que pese a su alianza con el ‘mindfulness’ en los últimos años no ha logrado apagar el volcán interno que estalla ocasionalmente. “No digo que no pueda recuperarse. Si acepta ese papel, podría, absolutamente», continuaba McEnroe. «Está persiguiendo la historia, intentando pasar a Rafa (Nadal, 19 grandes) y Roger (Federer, 20). Es más joven (33 años frente a los 34 del manacorí y los 39 del suizo), tiene muchas cosas a su favor, pero esto es obviamente una mancha que no va a poder borrar, le guste o no».

ESPANTADA

Djokovic no empezó bien en la cuestión de la gestión. Contrariado tras la descalificación, que no pudo evitar pese a más de 10 minutos de una negociación con los supervisores en la que se ha escrito que trató de alegar que la jueza de línea no había tenido que ser trasladada a un hospital tras recibir atención médica en Flushing Meadows, el domingo se marchó de las instalaciones a su apartamento de alquiler en Nueva York sin el protocolario (y obligado) encuentro con la prensa. Y aunque un par de horas después colgó un contrito mensaje en Instagram, la espantada ya le ha puesto en cuestión.

“Debería haber hecho frente (a la situación), disculparse y aceptar que cometió un error, pero con lo que esencialmente es una huida va a hacer que se prolongue”, ha opinado Tim Henman, él mismo descalificado en un incidente similar en Wimbledon en 1995. “Tienes que ser responsable por tus acciones en la pista”.

EL AZAR Y ALGO MÁS

Es cierto que algo de mala suerte hubo en el incidente. La pista de Arthur Ashe, vacía de sus 23.000 espectadores, es una de los dos únicas donde el torneo neoyorquino ha mantenido a los jueces de línea, sustituidos en el resto por el ojo de halcón en un esfuerzo por limitar la presencia de personal en las instalaciones en tiempos de pandemia.

El golpe fue claramente no intencionado, como reconocían los responsables de la descalificación o Carreño, que en cualquier caso también apuntaba que “las reglas son las reglas” y como otros, de Martina Navratilova a Billie Jean King, aseguraban que los responsables de la descalificación “hicieron lo correcto”. Y la mala fortuna fue “cuestión de centímetros” como bien apuntó Alexander Zverev, uno de los jóvenes que ahora ven despejado el camino en el torneo, el primero desde Roland Garros en 2004 sin algún miembro del Big 3 en unos cuartos y que por primera vez desde 2014 garantiza un nuevo campeón de Grand Slam.

 No menos cierto, no obstante, es que no fue un gesto incomprensible en Djokovic, o sin precedentes. Y de igual manera que el vídeo del domingo está llamado a perseguirle para siempre, ha resurgido el de una rueda de prensa en Londres en 2016, el mismo año en que tuvo un incidente en Roland Garros donde una raqueta estampada con rabia estuvo a punto de lastimar a un juez de línea. En el O2 lanzó una pelota que de milagro no golpeó a ningún espectador y cuando un periodista le preguntó si no le preocupaba que un día pagaría un precio alto por esos estallidos con los que quizá tenía que lidiar, Nole contestó con desprecio y arrogancia. “No tengo un problema”. El tiempo, y él mismo, le han quitado la razón.


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