Matías López El Mati (Barcelona, ​​1985) es catalán, de padres extremeños y residente en Coria del Río (Sevilla). Cataluña, Extremadura y Andalucía. Tres comarcas que tienen mucho más en común de lo que algunos se empeñan en proclamar, y que han marcado la trayectoria de este cantaor que ha aportado su granito de arena «a cada momento de arte, esfuerzo y sudor en el escenario, en el escenario de todos los mundo «. El Mati se presenta como un cantaor de flamenco con una mezcla de satisfacción, orgullo, romanticismo y categoría flamenca con la que el ganador de la Lámpara Minera en 2019 sigue visitando (covid a través de) los festivales nacionales e internacionales más importantes. En 2018 lanzó su primer disco Doce de Cuatro, producido por el músico y guitarrista Fernando María, y en el que rinde homenaje a cuatro grandes figuras del cante hondo: Lebrijano, Gaspar de Utrera, Juanito Villar y Pansequito. Sólo con la selección podemos conseguir una idea de qué tipo de cantaor es este artista que tiene su último nuevo single: Playing. Una demostración de que la música es un arte vivo, y en la que El Mati se rodea de músicos como Javier Rabadán, David Ca ro y Óscar Lago. Un juego en el que el arte, la infancia, la música y el flamenco invitan a eso, a jugar. Lo primero que hicimos de niños y ahora adultos El Mati quiere convertirlo en una queja profunda con la que seguir soñando. Entra y lee.

-Nuevos proyectos, en un año complicado para la cultura en particular, ¿cómo lo afrontas?
« Bueno, me ocupo de eso aguantando el tirón como cualquier otro ciudadano y quitando el pie del acelerador de muchas maneras. A nivel profesional, porque todo se ha detenido, me pilló en medio del proceso de grabación de mi segundo disco. Aun así, se está haciendo la grabación y se está recomponiendo la agenda, completamente desaparecida por la pandemia, a merced de cómo se está restableciendo la situación en los países en los que teníamos previsto trabajar. La recuperación es un proceso lento ya que la cultura no se considera una necesidad básica, especialmente en nuestro país.

-Un nuevo trabajo, que te invita a jugar …
-Sí, se llama Playing y en la historia con unos músicos formidables y de primer orden, como Javier Rabadán a la percusión y batería, David Caro a la guitarra y Óscar Lago a la guitarra y producción … y consiste, precisamente, en eso , jugando. Con él quería demostrar que la música es un arte vivo, inquieto, en constante evolución, en juego, siempre en juego. Cada vez que lo interpretas es diferente, algo cambia. Con esta obra queríamos alejarnos de ese concepto de pieza musical meticulosamente compuesta e inamovible, dejando algo más para improvisar. Queríamos sorprendernos cada vez que tocábamos una pieza. Cuando un intérprete se emociona con lo que hace o lo que está saliendo en un momento determinado, esa emoción la recibe quien te está escuchando o mirando; y luego el público es un participante como retroalimentación, que se crea la comunión, ese momento, esa otra forma de jugar …

-¿Cuál es tu forma de entender el flamenco sobre Extremadura?
– Para mí tiene lo más importante: Extremadura es mi madre. Crecí con ella dentro de mi casa. Mi forma de entender el flamenco viene de Villanueva del Fresno, pasando por Plaza Alta de Badajoz, Pardaleras y Cerro De Reyes. Aunque nací y crecí en Badía Del Vallés (Barcelona), las raíces recorren un largo camino en una familia que ha tenido que emigrar lejos de su tierra y añora su familia, su tierra y sus costumbres, y ese anhelo llevó a mi padre y madre para crecer tratando de no perder ese arraigo en Extremadura y su tradición. Mi padre tenía mucha culpa de todo esto, ya que Gabino de Badajoz se dedicó mucho tiempo al cante, y en casa era raro el día que la gente no cantaba ni jugaba ni bailaba …

P: ¿Qué has aprendido a lo largo de los años como artista y como persona?
–Como artista aprendo en criterio, en técnica, en cómo no tengo que hacer las cosas, aprendo en cada nuevo trabajo, de cada colega …, y como persona, estoy aprendiendo a aceptarme aceptar que los demás ya no juzguen.

-¿Qué le falta al flamenco?
-Primero que seamos reconocidos como artistas y no como parte de ningún otro grupo (toreros, por ejemplo). Necesitamos urgentemente una unión que proteja nuestro trabajo y nuestro futuro, desde un tablao a un festival. Queremos derechos, queremos citar, queremos un futuro como el que tienen los artistas en otros países, donde ser artista no es sinónimo de precariedad.
Desde mi punto de vista, el flamenco también necesita personal altamente cualificado a la hora de organizar festivales, ciclos y actividades. Cuando digo calificados no me refiero a personas que saben a qué hora desayunaba Pepe Pinto, o dónde pasaba el verano La Argentinita, estoy hablando de personas con criterio que se han subido al escenario, que conocen el proceso de crear y preparar. una muestra, y que entiendan el arte y su evolución (sin necesidad de que compartan las mismas ideas) y lo respeten, y así poder ofrecer al público un arte sin rótulos, amplio, gratuito …, acorde con lo que vivir, y que el público es el encargado de elegir lo que quiere ver y lo que quiere sentir. Que los artistas pueden comer haciendo lo que sienten y lo que quieren sentir, y no lo que tienen que hacer porque eso es lo que se espera de ellos.

¿Cómo ha cambiado su carrera después de ganar la Lámpara Minera?
-Bueno, yo estaba en muy buen camino antes de que llegara esta catástrofe planetaria …, el cambio después de la Lámpara ha sido bastante mediático. Ganar un premio de este calibre te coloca en un escaparate bastante amplio y constante, en el que también caes una gran responsabilidad, ya que miras todo lo que haces con lupa, algo que a mí no me importa demasiado, ya que saber de donde vengo. , cuál es mi idioma y hacia dónde quiero dirigir mis pasos. Gracias al concurso, se conoce mi trabajo o mi forma de trabajar en campos que antes no se conocían, siempre me he movido en muchos ambientes musicales, pero la verdad es que el Festival Internacional de Cante de Las Minas de La Unión ha hecho posible incluso esta entrevista, por ejemplo, así que siempre estaré agradecido.

– ¿Es lo suficientemente brillante como para ‘iluminar’ el camino artístico?
–Sí y no (risas) Se enciende al principio, pero luego hay que trabajar con él y aún más tenacidad. No puedes permitirte relajarte a nivel artístico: el día que pasa es un día perdido. Como antes de ganar la Lámpara.

-El coronavirus ha cambiado la forma en que ‘consumimos’ la cultura, ¿cómo te has adaptado a esta ‘nueva normalidad’?
– En cuanto a la forma de consumir cultura, estoy en proceso de adaptación. Creo que seguirá cambiando hasta que encontremos una nueva estabilidad. Estoy a favor de la autoproducción, pero no de regalar mi arte porque el arte sana y es necesario. La capacidad de expresarse es una de las mejores cualidades que tiene un ser humano y no debe regalarse.

¿Qué sueños tienes que cumplir?
–Muchos, innumerables …, me gustaría ponerme manos a la obra con Quinci Jones, sueño con la erradicación del plástico innecesario, me gustaría conocer un mundo justo y libre, visitar Capadoccia, ver una aurora boreal … , Nunca dejo de soñar aunque cumplirlos es otra cosa (se ríe de nuevo).

«¿Nos quedamos con uno en particular?»
Concierte una cita con Quince Jones, ¿de acuerdo?


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