Ni tocamos dinero, ni tocamos tarjeta ni tocamos nada. Cada uno de ellos con su teléfono móvil y el pago está hecho. Es inmediato», dice Sheila Iglesias. Hace siete meses que implantó el pago por Bizum en su frutería y ahora lo usan con asiduidad muchos de sus clientes, de todas las franjas de edad. «Bastante gente superiores lo han incorporado también a lo largo de la pandemia. O se vieron obligados por seguridad o los bancos le han empujado de alguna manera a dar el paso», cuenta.

Precisamente fue un cliente el que le planteó en la época del mes de marzo la oportunidad de realizar los pagos por Bizum. No creyó que pudiese funcionar. Pero aceptó evaluarlo porque terminaba de decretarse el estado de alarma, toda la población se encontraba confinada y el comercio de cercanía se quedó en primera línea, cara a cara, para garantizar el suministro de artículos de primera necesidad. La posibilidad de pasar cada día canjeando monedas con usuarios le preocupaba y, aparte, vio que muchos no disponían de efectivo y tampoco podían acudir al banco o tenían miedo de salir. Se había planteado algo más convencional, un datáfono, pero lo descartó: «O sea una frutería. Por una adquisición de 4 euros no puedo estar pagando 50 céntimos de comisión del pago en tarjeta». En el final lo consultó con el resto de la familia que dirige el negocio y optaron por evaluar Bizum. Funcionó y lo pusieron en marcha en las cinco fruterías que tienen en Cáceres. Y cada vez lo emplean más.

El móvil inteligente se convirtió desde ese momento en una herramienta importante de trabajo, porque además habilitó la oportunidad de realizar pedidos a través de Whatsapp. Durante el confinamiento había días que el teléfono no paraba de sonar. Ahora ha bajado un poco pero existen muchos usuarios que prosiguen realizando el pedido por esta vía: le pasan la lista de la adquisición en un mensaje, si ha llegado alguna mercancía nueva se la da a través de una foto, le adjunta después el tíquet con el importe de la adquisición y el cliente le carga por Bizum la transacción. A partir de ahí, o recogen la compra en el local o se la envían a domicilio si el importe supera los 25 euros. «Un 40% de los clientes ya nos paga por Bizum, y en el caso de los pedidos a hogar, cerca del 100%» explica.

Desarrollo aletargado

El covid-19 ha acelerado un desarrollo de digitalización que está en marcha, pero que en el caso del pequeño comercio estaba aletargado. La aplicación de pago Bizum ha sido entre las que más creció en el último año y cuenta ahora con 11,24 millones de individuos en España en todas y cada una de las entidades bancarias adheridas, casi el triple que un año antes (4,75 millones). Entre los meses de enero y agosto, se contabilizaron 181 millones de operaciones con las que se movieron 8.783 millones de euros.

Frutería González Pulido

«El 40% de los clientes ya nos paga por Bizum y varios son personas mayores. Además se vieron obligados a adaptarse»


Más allá de Bizum, la pandemia ha puesto en prueba la necesidad de que los shoppings trasciendan del mostrador, mas además la débil infraestructura del pequeño comercio en un entorno digital y la necesidad de dar pasos para dotarla y lo que los expertos señalan como más importante, «sostenerla». Solo una minoría trabaja ahora de manera real y efectiva en las redes y mayormente el abandono está motivado por la carencia de tiempo y de preparación para atender ese nuevo canal. «El pequeño comercio sufrió bastante y sigue haciéndolo, mas varios se publicaron a trabajar su posicionamiento», reconoce Félix Retamar, de la asociación de comerciantes de la calle Menacho.

«No vale con tener un Facebook y tampoco es solo vender en internet. La pandemia ha abierto una brecha que hacía falta abrir. Les ha abierto los ojos», reconoce el secretario de la Cámara de Comercio de Cáceres, Raúl Iglesias. En este momento el objetivo es explotar ese interés para ayudarles a dar pequeños pasos y enseñarles a trabajar en ese nuevo ámbito a fin de que arraigue.

Cristina Pavón recorrió todos esos pasos en pleno confinamiento. Hace 4 años que abrió una pequeña tienda de moda en Cáceres y con el 2020 se había lanzado a crear una web para promocionarla. Ahora movía su negocio en las redes sociales, pero quería ofrecer un paso más con la web. La casualidad quiso que se pusiera en marcha el mismo día que se decretaba el primer estado de alarma, con lo que la combinación de la página web y las redes sociales le brindaron el escaparate que precisaba a fin de que el cierre de su negocio fuera solo físico. Fue a la tienda, se llevó todo cuanto pudo y comenzó a subir imágenes diarias con distintas proposiciones animada por las noticias que comenzaban a circular ya sobre el aumento de la venta online. «Al principio me costó, porque en ese instante estaba un poco en estado de shock, como todo el planeta. Pero en el final me lancé y lo cierto es que funcionó. Ha sido increíble», cuenta. Desde ese instante, comenzaron a salir pedidos todos los días y ahora la tendencia sigue. Los días con más ajetreo de packs son todos los lunes, «porque la multitud durante el fin de semana tiene más tiempo para ver apaciblemente las redes sociales», cuenta. En cualquier caso, la mayoría de los productos prosiguen saliendo de la venta cara a cara, con una clientela que creció también al potenciar su presencia en la red de redes.


Moda Colors

«Al principio me costó, mas vi que empezaron a salir pedidos diarios. He contratado a otra persona a fin de que me asista, deseo ingresar a fondo en la venta digital»

«A muchas clientas habituales no las he visto aún porque no van de casa, mas conocimos muchas caras novedosas. Gente que ha llegado a nosotros mediante las redes sociales o de la web», reconoce Pavón. Empiezan a ingresar además encargos de otros puntos de la región o de otras regiones y decidió afianzarse y contratar a una persona que se ocupe de sostener la actividad online. «Quiero ingresar a fondo en la venta digital», asevera.

De la página web a la interfaz

Otros que nacieron en la página web han visto en este último año que en una interfaz sin límites y donde se mueven grandes conjuntos, es más efectivo trabajar en colectivo. Con ese planteamiento acaba de nacer la interfaz ‘todostuslibros.com’, a la que se han incorporado cuatro librerías de la región: La Puerta de Tannhäuser (Plasencia), Clips (Badajoz ), La Industrial (Zafra) y TodoLibros (Cáceres).
«No somos una enorme interfaz de venta de libros, somos el librero de toda vez que vende a través de una gran plataforma. Pero sostenemos el trato con el cliente, el consejos, aunque sea en la distancia y diferente al frente a frente, eso es evidente», reclama Álvaro Muñoz, el 50% de la librería placentina La Puerta de Tannhäuser.

Precisamente la otra mitad de este negocio, Cristina Sanmamed, estuvo al frente del diseño de la interfaz, que se ha gestado en los primeros meses de la pandemia, coincidiendo con el boom de la venta en línea. «A través de nuestra página web hemos visto además un aumento importante de actividad en los primeros meses de la pandemia. Después se produjo un descenso, pero sigue una meseta de pedidos que nos proporciona el volumen de actividad de una tercera librería», explica (tienen dos establecimientos). Y este negocio no tiene horarios y ni límites geográficos, algo que perseguían: «Nos llegan pedidos de todas y cada una de las zonas, de Portugal, de Holanda o de Austria, con hispanohablantes que quieren un libro que no hallan allí». De ahí, que desde la Confederación De españa de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), a la que pertenecen, se haya impulsado ir un paso más allá para plantar cara a gigantes de ventas como Amazon.


La Puerta de Tannhäuser

«No somos una plataforma que vende libros, somos libreros en una interfaz. La venta en línea es ya una tercera librería para nosotros»

«Tu librería del barrio te puede enviar los libros también en 24 o bien 48 horas y vas a trabajar con alguien especializado, que te va a asesorar. Vas a hacer riqueza en tu zona y no vas a pagar más», reivindica. Y parece que el mensaje va calando y la venta en línea de libros empieza consolidarse más allá de esas interfaces y más allá del cliente habitual que en su caso se encontraba fuera de la región. «Cada vez tenemos más pedidos en línea de clientes en Extremadura».

El confinamiento transformó la pantalla de los dispositivos móviles inteligentes en los principales escaparates y la consecuencia inmediata fue el aumento de la venta en línea, que se disparó en la primeras semanas alén del 50% según los datos de la patronal de logística. El pequeño comercio iba varios pasos por detrás «pero se dieron cuenta de que precisaban la redes sociales o bien una web para hacerse conocer», reconoce Lucía Prado de la Asociación de Hombres de negocios del Comercio de Cáceres.

En todos los colectivos del área coinciden en que se han logrado importantes adelantos en este tiempo. «Han abierto los ojos en cuanto a que es requisito estar presente y están más implicados en las redes sociales, y hacen campañas de manera conjunta. Por el momento no es necesario convencerles de esto», afirma Belén Fernández, delegada en Castuera de la Cámara de Comercio de Badajoz. Ámbas Cámaras de la región han puesto en marcha diferentes acciones para empujarlos a ofrecer el paso.

Carne exprés

En la pacense Donoso Carnicería también han asumido cambios en su modelo de venta. Comenzaron la actividad hace 8 años ya con una vocación creativa. Mas se vieron obligados a acelerarla. Lanzaron la venta en línea de algunos productos a causa del confinamiento aunque el sitio web ni siquiera estaba terminada aún y después han incorporado aparte un servicio de entrega exprés: se hace un pedido por teléfono o por Whatsapp y se recopila en dos horas en la puerta del establecimiento. «No hace falta bajarse del coche. Se puede realizar los pagos por Bizum o les acercamos el TPV (datáfono) si hace alta», cuenta una de las causantes del negocio, María San Juan.


Donoso Carnicería

«Lanzamos la venta online sin tener la página web terminada y creamos un servicio exprés para comprar por teléfono, abonar por Bizum y agarrar sin escapar del coche»

La limitación de aforo y la distancia de seguridad les dejaba con tres clientes como máximo y optaron por desarrollar los servicios para minimizar el contacto «para asegurar a los clientes y además a los trabajadores», reconoce. De hecho han con limite además la atención presencial al horario de mañana y la tarde de los viernes. «Cerrar por las tardes era un compromiso para un negocio pequeño. Pero la respuesta ha sido muy positiva y hemos visto que era posible hacerlo sin que la atención al cliente se viese afectada», reconoce.






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