Jorge se calza las botas de la jubilacin en Badajoz – Noticias Badajoz

Tras 44 años poniendo tapas y haciendo remaches, el conocido zapatero Jorge Mendoza Alves suelta las herramientas, cuelga su mandil y se calza las botas de la jubilación. Ayer fue oficialmente su último día de trabajo, aunque tendrá que pasar durante algunos más por su taller de la calle Ricardo Fernández Lapuente para que los clientes que aún tienen allí sus zapatos puedan recogerlos. Dice que ha sido y es «feliz» trabajando, pero reconoce que ha llegado el momento de «disfrutar de la vida, que son dos días».

 

«Lo que más voy a echar de menos es el contacto con la gente», asegura Jorge que, aunque se retira como zapatero, no se jubila de su otro ‘oficio’: ser el ayudante de Baltasar en la cabalgata de Reyes cada 5 de enero desde hace 25 años. Este, a pesar de que no se celebrará a causa de la pandemia, también estará junto a su majestad en su ya confirmada visita a la ciudad.

 

Jorge Mendoza llegó de Guinea-Bissau a Badajoz con apenas 20 años. Fue vigilante y relaciones públicas antes de comenzar a trabajar en el antiguo Simago vendiendo máquinas de coser, donde después pasó como empleado al taller de reparación de calzado, en el que aprendió el oficio. Su primer negocio propio lo abrió en la calle Santo Domingo, esquina con Guardia Civil, en el año 1982, después se trasladó a Gómez Solís y desde hace tres años ofrece sus servicio en un local de la calle Ricardo Fernández Lapuente, en cuya fachada ya cuelga el cartel de ‘se traspasa’. De momento, no hay candidatos.

 

Cuando hace balance se muestra satisfecho. «Me ha ido siempre bien hasta ahora», reconoce. Solo por una enfermedad hace algunos años y durante los tres meses del confinamiento ha bajado la persiana de su negocio. Presume de clientes fieles y de «buenos amigos», que lo han acompañado durante todos estos años, pues su taller, en cuyo mostrador no falta un taco de ejemplares de LA CRÓNICA DE BADAJOZ, ha sido también lugar de tertulia hasta que llegaron la pandemia y sus restricciones. «Me siento muy querido», afirma con emoción. Su jubilación ha generado sentimientos encontrados entre quienes lo conocen, que por un lado se alegran, porque saben que es merecida, pero por otro les da pena no tenerlo cerca a diario, y también en él mismo. «Estoy contento, pero a la vez me da pena…He llorado al despedirme de la gente y me han hecho llorar», reconoce.

 

Cuenta que ha arreglado los zapatos de medio Badajoz, pero también de personas de muchos pueblos de Extremadura, de Portugal e incluso tiene clientes que viven en Alemania, Australia o Inglaterra que cuando regresan a la ciudad llegan cargados con una maleta para que sea él quien le ponga a punto su calzado. Ahora tiene que vaciar sus estanterías, en las que aún quedan muchos pares de zapatos que sus dueños olvidaron volver a buscar, como unas botas rojas de mujer que esperan a su propietaria desde hace una década. Los donará a una oenegé.

 

Jorge tiene 70 años (aunque aparenta muchos menos) y lleva 50 en la ciudad. Se acuerda de cuando la feria se ponía «junto al hotel Lisboa» y es seguidor del CD Badajoz, cuya bandera, junto a otras de España, decoran su taller. «Yo soy de Badajoz. Esta es mi primera tierra, y la segunda, Guinea- Bissau», asegura orgulloso. Ahora, con más tiempo libre, dice que estará a disposición de todos los pacenses que puedan necesitar su ayuda.