Cada hectárea de cultivo en invernadero absorbe la misma cantidad de dióxido de carbono (CO2) que producen ocho automóviles que circulan en un día, de ahí la importancia ecológica de la agricultura desarrollada por este proceso. Es uno de los «sistemas agrícolas más sostenibles del mundo», dice José Manuel Escobar, experto en agronomía de invernadero y miembro de una familia de productores y exportadores de cuarta generación.

Este sistema de agricultura intensiva, que actualmente va un paso más allá con la introducción de la agricultura ecológica en algunos proyectos, por ejemplo bajo el liderazgo de Escobar, también ayuda a reducir el calentamiento global al reflejar la luz solar.

El riego localizado que se utiliza en estos centros de producción agrícola utiliza veinte veces menos agua que un cultivo de campo abierto, enfatiza Escobar, enfatizando que este sistema de cultivo permite un control preciso tanto de los mismos como de los recursos que se consumen.

Escobar es también uno de los precursores del control biológico en este tipo de establecimiento agrícola al liberar insectos apropiados para controlar plagas. Asimismo, con los restos orgánicos de sus fincas, que fueron diseñadas bajo el sello del pensamiento ecológico, recibe vermicompostaje con el fin de desarrollar una bioeconomía sustentable.

Asimismo, ha implementado un sistema de cosecha directa en sus invernaderos, que logra una frescura y vida útil del producto hasta tres veces superior a la del resto de productores, ya que las hortalizas se cosechan y se entregan refrigeradas a los clientes en el mismo día.

Su empresa, LQA Thinking Organic, se dedica a la producción de hortalizas orgánicas, principalmente pepino y calabaza, y, según Escobar, cree que estas técnicas representan el futuro de la agricultura bajo las nuevas directivas de la Unión Europea (UE). cuyos países la producción está prácticamente dirigida exclusivamente.

De esta manera, es posible mantener el equilibrio ecológico, la biodiversidad y la calidad del agua y el suelo a través de una variedad de prácticas que incluyen la rotación de cultivos para un uso eficiente de los recursos. el uso de recursos in situ como fertilizantes naturales y la prohibición del uso de pesticidas químicos y fertilizantes sintéticos y el uso de organismos genéticamente modificados.


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