Fernando Paramio (Barna, 1977) se acercó a una cámara los 13 años y desde ese momento no se ha separado de ella. El fotógrafo vive pegado a la imagen, la que mismo diseña en su cabeza y que luego materializa a través del propósito y la destreza de su ordenador. Capta el momento y lo moldea a su interés o al del que se lo pide. Captura el instante exacto. Su profesión es parar el tiempo. Y de este modo lo exhibe en Artsolutely, su oficina y su galería en Cáceres, «su » ciudad natal.

Aunque nació en Barna, pasó su niñez en la ciudad más importante cacereña. A los 15 volvió a mudarse a La capital española. Compaginó los estudios de la facultad con su afición a la fotografía. Tras una década en la que ejercitó como ingeniero en Europa, decidió regresar y dedicarse su «vocación». Abrió en 2018 su salón, en un principio en la plaza Más grande y desde meses atrás en la calle Hornos.

Ahí, en sus paredes, además de piezas precedentes, muestra en este momento las proyectos a las que dió forma en este último año de pandemia. Precisamente este miércoles, Paramio recorrió las instalaciones con el alcalde, Luis Salaya, para enseñar las noticias de su colección artística.

Raramente, entre todas se mezcla el criterio del tiempo. En la primera, una serie que titula ‘La ventana indiscreta’ y que efectuó durante la cuarentena desde su hogar, capta datos de la vida de sus vecinos en los meses en los que el tiempo asimismo pareció pararse.

En la última de las salas reserva su gran obra, la que considera «más complicada» hasta hoy. Se titula ‘El encargo suizo’ y combina a enorme escala un trabajo a la medida para un cliente de Suiza sobre los engranajes, los motores y las texturas de los relojes, los enormes dueños del tiempo junto a Paramio. 






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