El estudioso alemán Ugur Sahin, de 55 años y llegado a Alemania con sus padres, 2 inmigrantes turcos, a los 4 años, se ha convertido por medio de su farmacéutica BioNTech en el rostro de la «promesa global» en la pelea contra el Sars-CoV2. «El padre de la vacuna milagro», titula el sensacionalista períodico ‘Bild’, el más leído de Alemania; «Ugur Sahin: un visionario modesto», resume la cadena informativa ntv; «Una historia de éxito nacida en Colonia», apunta ‘Express’, habitual rotativo regional de Renania del Norte-Westfalia, donde se encuentra esa ciudad.

El común denominador entre las diferentes maneras de enfocar el perfil del fundador de BioNTech es su condición de germano-turco. Un niño llegado al país junto a sus padres en los años 60, como tantas otras familias turcas.

No es el único rostro de la esperanza depositada en esa vacuna, creada por BioNTech con la habitante de Estados Unidos Pfizer y que ha informado un nivel de eficiencia del 90 %. Le acompaña el de su mujer y compañero Özlem Türeci, un par de años más joven, de todas formas de raíces turcas, si bien nacida en Alemania -en Lastrup, en el centro del país-.

Juntos crearon Ganymed Pharmaceuticals y BioNTech, una farmacéutica con origen en la calle An der Goldgrube -literalmente, «Con la mina de oro»-, en Maguncia, capital del ‘land’ de Hesse y ciudad vecina a la metrópolis financiera y banquera de Fráncfort.

Este matrimonio de científicos germano-turcos fundó BioNTech en 2008, con apoyo de varios asociados. Encabezan su junta directiva, de la que de igual modo forman parte los estadounidenses Sean Marett y Sierk Poetting.

Es una empresa subjetivamente joven, con una plantilla de 1.320 usados, hasta la actualidad concentrada en la investigación de terapias inmunológicas para pacientes de cáncer. El más grande éxito de Sahin, hasta la actualidad, fue el Premio Alemán contra el Cáncer, en 2019.

De la búsqueda de respuestas inmunológicas en el ámbito oncológico pasaron a desarrollar la vacuna que debe rescatar al mundo del covid-19. Solo la Comisión Europea tiene cerrar un contrato con BioNTech y Pfizer para conseguir 300 millones de dosis destinadas a los 27 países miembros del bloque comunitario.

Sahin, nativo de Iskender y profesor de Oncología En fase de prueba en Maguncia, como su esposa, empezó a trabajar en la aplicación de sus investigaciones en el coronavirus en enero.

Por entonces, el nuevo coronavirus ya se había extendido más allá de la ciudad china de Wuhan y alcanzado Europa. Un par de meses después, el semanario ‘Der Spiegel’ se fijó ya en la crónica de ese hijo de la inmigración, motor de una entre las 20 farmacéuticas reconocidas entonces como candidatas a desarrollar la vacuna.

De esta situación brincó a transformarse en receptor del programa especial de ayudas del Gobierno federal -375 millones de euros- para ese cometido. El resultado atiende a la denominación de BNT162b2, cuyo éxito compartirá con el enorme estadounidense Pfizer, colega fundacional de la farmacéutica alemana, originariamente para el desarrollo de novedosas vacunas contra la gripe común.

Inventores de la tecnología de la vacuna

A Sahin y Türeci les toca el papel de «inventores» de la tecnología con que se ha desarrollado la vacuna. A sus asociados estadounidenses, el de producirla y repartirla a escala global en el más corto tiempo viable. El propósito es lograr los 1.300 millones de dosis para el próximo año, lo que la farmacéutica de «la mina de oro» no lograría por sus recursos.

La farmacéutica alemana era, hasta la actualidad, modesta. Mas con los primeros rastros de éxito sus acciones se dispararon. Según el dominical del períodico ‘Welt’, ahora mismo el matrimonio propietario de BioNTech está ya entre los 100 alemanes más ricos. Ocupan la situación 93 en esa lista, con un patrimonio estimado en 2.400 millones de euros.

Los medios alemanes, sean el sensacionalista ‘Bild’ o la televisión pública ARD, siguen presentándoles como el matrimonio de origen inmigrante que puede convertirse en héroes de la raza humana. El hijo del inmigrante turco que llegó a Colonia para trabajar en la fábrica del consorcio automovilístico Ford todavía es un rostro amable, relajado y simple, concentrado en lo propio y también estudioso apasionado.

Un muchacho que estudió medicina, en Colonia, que trabajó como médico en su Clínica Universitaria y que conoció después, en Homburg, a la compañero que se transformó en su esposa. Una historia de éxito, en el grupo de los 3,5 millones de ciudadanos con raíces turcas que viven en Alemania -una tercer parte de ellos, con doble nacionalidad-, el mayor colectivo de origen inmigrante del país.

Novedades similares





Fuente