Hace meses que no pueden jugar en los parques infantiles. Esta Navidad no van a tener Iberocio, ni atracciones de feria, ni siquiera van a poder disfrutar en directo de la Cabalgata de los Reyes Magos. Pero los sueños de los pequeños no entienden de distancias ni limitaciones y solo necesitan un buzón que los dirija de manera directa de noche más mágica del año. En estas navidades de pocas buenas nuevas no podían faltar en el quiosco del paseo de San Francisco de Badajoz el embajador postal, que desde hace 4 años interpreta el actor Pablo Bijeriego, y su alterado ayudante, José Ángel Vacas (Vacasflakas).

Ambos reciben con entusiasmo a los pequeños que no dudan en llevar a cabo cola y esperar con paciencia su turno y aunque su sonrisa no se puede ver bajo la mascarilla, sus ojos no tienen la posibilidad de esconder la emoción en el momento en que suben las escaleras, aferrados a su carta manuscrita.

Pablo Bijeriego mostraba ayer su satisfacción por que han apreciado que todos los años se aproximan más pequeños y más familias. El sábado fue «increíble». La cola llegó hasta el quiosco de prensa. Calculan que atenderían a más de 300 pequeños. Ayer por la mañana, más allá de la llovizna, antes de que empezaran había pequeños aguardando su llegada.

Este año hubo que tomar medidas restrictivas, «mas los niños se ajustan a todo, tanto a lo bueno como a lo malo, vienen la mayoría con sus mascarillas, salvo los más pequeños, sostienen las distancias de seguridad y se llevan realmente bien, es para ponerles una medalla, con todo cuanto nos encontramos pasando, son unos vencedores». Aunque se encontraba prevista una mampara de separación, al final eligieron no ponerla, porque el quiosco está al aire libre. Sí se lavan las manos con gel y se desinfecta todo el moblaje.

Cuenta este actor que, como niños que son, «emiten muchísima ternura, más que nada los más pequeños, ves en sus ojillos el brillo de la inocencia y de la ilusión». Para Bijeriego, «lo más bonito de este trabajo es que para ellos, todo cuanto ven es completamente real; si los actores nos creemos el personaje, ellos se lo creen de manera natural y es increíble, para es un mundo espectacular y nosotros somos verdaderamente los asistentes de los Reyes Magos». El ayudante sí ha sentido especialmente las restricciones «porque soy cercano, juego bastante con los niños y los padres, los sujetas y este año debes cortarte, es duro». «Ellos vienen a arrimarse de manera directa y algunas veces tenemos que frenarlos», cuenta José Ángel Vacas. Al menos, esta actividad ha subsistido. Según Vacasflakas, «es muy precisa, no hay nada más para los pequeños y algo les debemos prestar, porque son los que mejor se están portando».






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