Los puestos son más pequeños, están separados entre sí dos metros, no hay atracciones infantiles y la entrada y la salida son únicas para supervisar el aforo, con limite a 300 personas. En esta edición del mercado navideño que organiza el Ayuntamiento de Badajoz hubo varios cambios, pero ninguno ha impedido que el ámbito en el paseo de San Francisco sea prácticamente el de siempre. 48 artesanos abrieron ayer los puestos, que mantendrán hasta el 5 de enero, para hacer lo que mejor saben llevar a cabo: vender sus productos e intentar socorrer una actividad que esta crisis sanitaria y económica ha maltratado principalmente.

Por primera vez se ha instalado una pareja de artesanos portugueses, con loza de Aveiro. La mujer, Mariángeles Fernández, es de Villanueva de la Sosiega. Ofrecen vajillas terminadas, bajoplatos, fuentes y tazones, muchos decorados con fundamentos navideños. En Badajoz tienen varios usuarios por su presencia recurrente en la feria de Elvas, mas desde la Navidad pasada se han suspendido todos y cada uno de los mercados. Al darse cuenta de que en Badajoz se celebraba, mandaron la solicitud. «Estoy contentísima de, al menos, salir a trabajar». Jamás ha faltado a esta cita el puesto de turrones de Castuera de Antolín León. Su oficio es recorrer las ferias, que este año no han existido. «Llevamos un año sin trabajar, sin ingresar nada y es nuestra primera salida. Nos encontramos muy contentos de que el Municipio de Badajoz nos haya dado la oportunidad de vender y de ofrecer alegría a la multitud en estas fechas», manifestó León. Hay ausencias, como los dulces del convento de Santa Ana, por la protección de las hermanas, de edad avanzada. Tampoco está el instituto de la Luz.

La concejala de Cultura, Paloma Morcillo, pasó la mañana en el mercado «que poseemos la fortuna de poder celebrar, con todas las prudencias» y mostró su deseo de que la «Navidad sea lo más feliz posible en la situación que estamos viviendo». Respecto a que no haya atracciones de feria, reconoció que «daban bastante ambiente», pero recordó que los parques infantiles están cerrados y a pesar de que los feriantes les aseguraban que tomarían medidas, «ahora mismo era mejor que no hubiera». La concejala solicitó «paciencia» a los ciudadanos porque la plaza no se va a poder cruzar como comunmente. En el suelo se han colocado pegatinas que indican el paseo a proseguir. En las dos carpas hay felpudos desinfectantes y dispensadores de gel y las instalaciones se limpian tras cada pase. No falta en San Francisco la churrería, que ha estacionado fuera de las vallas, en el pasillo del costado de La Marina y el Santander para que la cola de espera tenga más espacio. Soluciones para no perder ninguna tradición.






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