Aprender es una de las capacidades más maravillosas del ser humano. Desde la etapa de la infancia, los niños inician un proceso instructivo que comienza en casa con las primeras sílabas del idioma y continúa, durante más de una década, en las aulas escolares. Las fases de aprendizaje son abundantes y dispares, y no todas son igualmente efectivas dentro de la sociedad. Los más curiosos aprenden observando, otros optan por imitar a sus referentes escuchando sus consejos, y los más atrevidos, se instruyen intentando y errando. No existen fórmulas perfectas, ya que cada persona aprende de diferente manera y a diferente ritmo, y la misma instrucción tiende a arrojar resultados desiguales entre los estudiantes de una sociedad que espera lo mejor de cada miembro.

Lo que todos los seres humanos tenemos en común, independientemente de su origen, es que aprendemos jugando, desde la niñez. Sin embargo, el juego siempre se ha visto como algo inactivo y poco productivo, por lo que se percibe como un elemento incompatible con la enseñanza tradicional. ¿De verdad es eso? ¿No aprendimos una serie de conceptos y valores en las clases de educación física jugando, por ejemplo, al voleibol? ¿No es impensable aprender estos elementos a través de un libro de texto?

El juego ha evolucionado en la Sociedad de la Información. Manejar más contenido en un solo día de lo que nuestros antepasados ​​manejaron a lo largo de su vida abre las puertas del conocimiento, pero también conlleva un proceso de desgaste si el modelo educativo no evoluciona a tono. Es lógico que los más pequeños y también los jóvenes llamen a la escuela aburrida o arcaica si fuera de las aulas están rodeados de dispositivos electrónicos llenos de estímulos de todo tipo. En este sentido, las escuelas públicas han perdido la batalla tecnológica.

Pero, ¿podríamos aprovechar el potencial que ofrecen las nuevas tecnologías y, más específicamente, los videojuegos, para proponer soluciones educativas que motiven e involucren a los estudiantes durante su período escolar? La respuesta es claramente sí, a pesar de que hay voces discordantes que no conciben la diversión con el aprendizaje.

EJEMPLOS PRÁCTICOS

Existen varios estudios que apuntan a las ventajas de utilizar los videojuegos como herramientas para el desarrollo educativo. Más allá de aprender un nuevo idioma, existen algunos videojuegos comerciales que se han utilizado en las aulas de español para transmitir conocimientos específicos. Por ejemplo, juegos de estrategia como ‘Era de los imperios‘O «Europa Universalis IV» se han utilizado en nuestro país para difundir la historia con mejores resultados en comparación con la enseñanza tradicional. El simulador social ‘Los Sims’ Se ha utilizado para promover conceptos como educación cívica y alfabetización digital entre los estudiantes; y funciona como «Wii Music» o ‘Banda de rock’ Han sido protagonistas a la hora de motivar al grupo dentro de la percepción musical. Las posibilidades sobre el papel son enormes, más aún, teniendo en cuenta los avances en los mundos virtuales, los modelos cooperativos y la facilidad de los jóvenes para dominar las nuevas tecnologías.

En cualquier caso, y como herramienta con aspiraciones pedagógicas, es necesario encontrar la clave adecuada para considerarla como un aliado de la docencia. Introducir los videojuegos en las aulas sin tener en cuenta sus desventajas sería un error básico, y por ello los expertos apuntan a un uso específico para contenidos específicos, con un docente capacitado en estas tecnologías que permita al alumno asumir un rol activo dentro del proceso docente. , dejando así de ser un mero receptor de información.


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