El cantaor de Sant Feliu de Llobregat, autor de canciones para Alfred y Miki Núñez, presenta hoy su primer disco en solitario, Bailando en batalla, en el Festival de Porta Ferrada (Sant Feliu de Guíxols).

-Debutas con este disco, pero está precedido por una década de experiencia con el grupo Cybee. Y empezó a las 12, ¿verdad?

-Bueno, antes, a las 11, debutaba en un bar de Sant Feliu. Cuando terminé, vendí copias por cinco euros de un modelo que hice con el ordenador. Me gustó El Canto del Loco, Fito & Fitipaldis, M-Clan … Mucho rock español, y catalán, como LaxnBusto. Con Cybee hicimos tres demos y dos álbumes, y aprendí a tocar con la música y a trabajar en equipo.

– ¿Doloroso descanso?

-Se acabó el ciclo y no queríamos que se viciara la historia. Pero todavía nos amamos mucho. Me gusta mantener ese espíritu familiar. Antes de los ensayos de esta gira, fuimos al campamento con la gente de la oficina y les preparé talleres de educación emocional y comunicacional.

-¿Qué quieres comunicar con tus canciones?

-Trato de hacer canciones que distraigan a la gente de su vida cotidiana, y pienso mucho en su traducción en el concierto, que para mí es como un hueco en el tiempo. Cuando termine, quiero que la gente se pregunte: ¿qué pasó? Me he reído, he llorado, he bailado

-Es una mezcla de cantautor y banda de verbena.

-Hay gente que me dice que en el fondo soy cantautor y creo que tienen razón. Escribo mis canciones y hablo de mis experiencias. Y como banda somos ocho personas, con vientos, bajo, batería, percusión, acordeón, piano no sé qué estilo hago, porque cada canción tiene la suya: pop-funk, o más tropical, o pop español. Quizás algún día haga una canción flamenca.

-Iron Soldier es su mayor éxito. ¿A qué se lo atribuye?

-Ojalá lo supiera. Salió hace dos años como cara B de un sencillo, El despertar, y con los meses fue ganando auge en las redes y en la radio. A veces se piensa que una canción para ser viral tiene que ser muy potente, súper bailable y en esto solo hay una guitarra y una voz. Se lo di, con un video, a un compañero que tenía, y ahí lo colgó en YouTube. Es una declaración de amor muy intensa, inspirada en la figura del soldado que es pequeño pero que está ahí, al pie del cañón.

-Ha compuesto para otros: Que nos sigan las luces, para Alfred. ¿Te atrae ponerte en la posición de otro artista?

-Es muy emocionante y muy viciante. También he escrito con Cepeda, Si exististe, y temas con Miki Núñez: Celebrate, Eternal Summer Poniéndote en la piel de otro artista, deja que te diga de qué quiere hablar, y trate de hacerlo en su boca, eso es muy bueno y quieres repetirlo. Es un trabajo en el que proyectas otro tipo de cariño.

-¿Es esta profesión una carrera de fondo y sin vocación es mejor dejarla correr?

-Como están las cosas. A veces tienes una imagen del mundo de la música que no se corresponde con la realidad. Cuando entré en OT, trabajaba como monitor de cafetería en la escuela Tau, para niños de primer y segundo año de ESO. Los niños vinieron a verme en la televisión y luego trabajaron en el comedor. Un día, una niña, Martina, me dijo: mucha tele, pero aquí estás trabajando, así que tómatelo con calma, ¿eh? Eso puso mis pies en el suelo.

-Y ahora, ¿haces planes?

-Más allá de Porta Ferrada, me he olvidado de los directos y por eso hago música. Pero en marzo hice un cambio de chip y no quiero abrumarme. Ahora trato de aprovecharlo para vivir e inspirarme y poder hacer canciones. Tengo un cuaderno lleno de notas.


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