En la muy deliciosa editorial valenciana Pre-Contenidos escritos se mueven entre sentimientos encontrados. Por un lado, han recibido este lunes la noticia de que el poeta Francisco Brines, una de las joyas de su catálogo poético, recibía el Cervantes. Por otro, se detallan perplejos frente a la oportunidad de perder otra de sus joyas, los libros de la poeta norteamericana Louise Glück, premio Nobel 2020, a la que habían mantenido en el catálogo a golpe de voluntarismo y puro amor al arte, ya que la autora jamás tuvo una recepción masiva en España. Siete de sus 14 títulos están en Pre-Textos, la única editorial que la tiene en su catálogo ya hace 14 años y con , enseña su editor Manuel Borrás, jamás han pretendido hacerse ricos. «No hemos agotado jamás ninguna de las ediciones de la poeta que no ha superado jamás los 1.000 ejemplares (una tirada habitual tratándose de libros de poesía)».

La historia del autor o bien la autora descubierta por un sello pequeño y también independiente que acaba siendo captada por una editorial más potente es el pan de cada día dentro de la industria. Mas en un caso así concurren situaciones particulares. Los editores se enteraron de la posible marcha de Glück cuando supieron por vía indirecta que el todopoderoso agente norteamericano Andrew Wylie había estado ofreciendo los derechos de las proyectos de la poeta sin ofrecerles a Pre-Textos la posibilidad de puja. Borrás denuncia las malas prácticas del agente “a quien solo parece importarle el dinero y muy poco la ética”, pero además se muestra alterado porque Glück, que siempre se hubo mostrado muy satisfecha de las ediciones en castellano de Pre-Contenidos escritos y de las traducciones con las que contaron, no ha contestado a la carta que le envió hace 10 días y tampoco a una segunda misiva, esta vez, certificada. En ambas, los editores del sello, Borrás, con Manuel Ramírez y Sílvia Pratdesaba, notificaban a la autora de sus inquietudes. “Sabemos que comunmente se ha manifestado en contra de esta clase de prácticas , mas nos intranquiliza la carencia de respuesta. la publicamos antes del Nobel y pretendemos publicarla después, proseguimos siendo exactamente los mismos. Espero que a ella el premio no la haya cambiado”.

Todavía se detallan esperanzados de poner mantener a Glück en su catálogo, más allá de la notificación de la agencia Wylie que les amenazaba a eliminar los ejemplares de las ediciones de las que el sello todavía no había renovado sus derechos. “No sé hasta qué punto tienen el  derecho de exigirnos eso”, se lamenta Borrás. En la industria editorial la destrucción de ejemplares no vendidos para su reciclaje como papel es una práctica habitual, mas esta vez la destrucción obligada tiene otras connotaciones.

Sienten que aún hay tiempo para ello y se remiten a las incontables detallan de acompañamiento que han recibido desde los 4 puntos cardinales de parte de políticos, empresarios, colegas de la edición, traductores, directivos de bibliotecas y autores. “Me escriben desde Novedosa Zelanda, desde Estados Unidos, versistas como Charles Oldsen o bien Dana Gioia, solidarizándose con ”.  Aunque finalmente se queden sin Glück se sienten triunfales. “Mi compañera Sílvia charló con la agencia y les mencionó que, de ninguna manera deseabamos litigar, sencillamente deseábamos apelar a la justicia”. 






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