Desde que comenzó el caos en los centros de salud están en primera línea de batalla. Y ahí siguen. Observando a diario el daño que provoca el virus. Los sanitarios no dudan de la presencia del covid-19 ni de sus secuelas para la salud porque han de luchar contra ellas sin tregua.

Tras meses y meses de pandemia, a su favor juegan la experiencia, poder acceder a equipos de protección (llegaron a tener que cubrirse con bolsas de plástico) y el horizonte esperanzador de la vacuna. En su contra, la carencia de personal, el agotamiento físico y sensible, la saturación del sistema sanitario (sobre todo de la Atención Principal) y en este momento se le suma la flexibilización de las medidas restrictivas con el llamado Plan de Navidad.

Política y responsabilidad

Por un lado estiman que las elecciones políticas deberían ser más duras, con menos puertas abiertas; por otro, ruegan responsabilidad ciudadana para que se cumplan las recomendaciones.

En lo que coinciden sin titubeos es en el miedo a que las próximas fiestas deriven en una tercera ola de covid-19. Lo cierto es que prácticamente dan por hecho que de este modo va a suceder.

En Extremadura la primera ola se cebó con la provincia de Cáceres y el hospital San Pedro de Alcántara experimentó los peores escenarios. En la segunda, el coronavirus convirtió a Badajoz en el epicentro de la enfermedad. «Nos da pena porque ahora que parece que nos encontramos un tanto mejor, iremos para atrás otra vez», sintetiza Victoria Barroso Martínez, enfermera de la UCI en el hospital Universitario de la ciudad más importante pacense.

Hasta hoy la región suma 32.188 inficionados de covid, 1.011 muertos y 3.297 capital, 293 de ellos en las Entidades de Cuidados Intensivos. Significa que el 10% de los afectados por el virus terminó en el hospital y, de , cerca del 9% ha acabado en la UCI. Los datos asimismo dicen que el 3,1% de los que se han contagiado han fallecido.

«En ocasiones la sensación es que esto no se marcha a terminar jamás», expresa Barroso.

y otros dos compañeros extremeños de profesión ponen voz a eso que varios sanitarios sienten y opínan. Los tres lanzan un mensaje común: «Prudencia. Vida solo hay una, Navidades, muchas».

«Vamos a estropearlo por una comida y unas cañas de Navidad»

VERÓNICA CORREA GIL | Enfermera de Emergencias en Cáceres

Afirma que en el hospital están «todos encogidos». «No me gusta alarmar, mas sabemos qué va a ocurrir». Verónica Correa Gil es enfermera de Urgencias en el San Pedro de Alcántara de Cáceres. En la primera ola vio muy de cerca la peor cara del covid, en esta segunda estuvieron más tranquilos, «mas es que ahora poseemos asumido que viene la tercera».

¿Es imposible evitarla? «Se han suspendido todas y cada una de las fiestas de todos y cada uno de los pueblos, ¿por qué razón no la Navidad? ¿Por qué es más esencial? soy de Torrejoncillo y este año no ha habido La Encamisá y nos ha dolido en el alma», expresa.

Esta sanitaria destaca que las medidas restrictivas de cara a las próximas fechas deberían haber sido más duras: «Todo se hace desde un punto de vista comercial, esa es la pena. Entiendo que las grandes y pequeñas empresas deben vender, mas es que ahora perdimos el año y al final, tras todo el ahínco, lo vamos a deteriorar».

«Yo no voy a cenar con mi familia en Navidad -sigue-, vamos a estar separados y es muy triste. Pero es que me da mucho miedo que se junten los de aquí con los que vienen de fuera».

«Por cuatro días, por una cena o bien unas cañas de Navidad, se va a estropear», insiste.

Aún de este modo, se expone optimista y cree que ya andamos hacia el final del túnel, si bien simultáneamente reconoce que el plantel sanitario está fatigado física y emotivamente y que no podría soportar otra oleada.

«Nos han abierto un poco las puertas y ya depende de cada uno de », concluye.

«Hasta el momento en que no nos toca, no lo observamos»

VICTORIA BARROSO MARTÍNEZ | Enfermera de la UCI en Badajoz

Una de sus pacientes, de 60 años, salió este verano de la UCI tras la infección por coronavirus; es ahora, meses después, en el momento en que está comenzando a caminar otra vez. Pone este ejemplo para recordar que la enfermedad prosigue ahí, que ha matado a más de un millar de extremeños, y que además las consecuencias que deja son muy graves. «Y cada vez ingresa gente más joven. Antes eran como mis abuelos, en este momento son como mis progenitores. Pero incluso hay pacientes con menos edad que y sin ninguna patología anterior». Quien se expresa es Victoria Barroso Martínez, 29 años, de Montijo y enfermera en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Universitario de Badajoz. Entró en este sistema en el mes de enero y desde ese momento su experiencia profesional está relacionada a la pandemia.

«Es duro para nosotros porque tienes temor a contagiarte, mas es aún peor para las familias. Se les comunica una vez al día y en ocasiones nos retrasamos porque nos encontramos sobresaturados y no tenemos la posibilidad de coger el teléfono. Hay momentos de caos y angustia».

Del mismo modo que sus compañeros de guerra está persuadida de que después de las Navidades va a haber un considerable repunte; en el hospital ahora se organizan. «Veo actitudes de la multitud y leo mensajes con los que me llevo las manos a la cabeza. Después existe quien te afirma que no se marcha a contagiar porque no hace nada raro… mas es que estar en un bar con la mascarilla quitada hablando con otra persona es ya una situación de compromiso», se lamenta.

«Yo también salgo a tomar algo con mi novio -añade- o bien con alguna amiga, no tiene que ver con estar recluidos, y estoy de acuerdo en que hay que ayudar a los negocios, pero no respetamos las sugerencias, algunos viven relajados con las medidas. Se ve que requerimos que nos prohíban las cosas».
Ante el miedo de una tercera ola, Barroso publicó un vídeo en comunidades para intentar hacer conciencia: «Hasta el momento en que no nos toca, no lo vemos».

«Deberían ver cómo están los pacientes en UCI: boca abajo, entubados… Antes de entrar en esta unidad les enseñamos que los vamos a reposar para empujarlos a respirar. Ves el temor en sus ojos, te preguntan si se van a despertar… muchos de no lo hacen. Mueren solos».

Esta sanitaria expresa: «Navidades hay muchas, mas vida únicamente una».

«No nos encontramos ni física ni emotivamente para otra»

MIGUEL RODRÍGUEZ GODOY | Enfermero de Urgencias en Badajoz

Vió llegar a muchos pacientes con covid a Urgencias. «Y lo peor, sin duda, es que se te mueran allí, solos, sin su familia, agarrados a tu mano y sin verte ni siquiera la cara porque vamos tapados con la mascarilla y el traje de protección».

«Nosotros somos la puerta de entrada al hospital y muchas veces debes discutir con los acompañantes porque se deben quedar fuera para evitar una contaminación cruzada; hay quienes no lo comprenden. Y encima es que muchas veces, al rato, hay que salir a mencionarle a ese familiar que el paciente que llegó vivo se está muerto, y no se pudieron despedir». Es el relato de lo que ha vivido estos meses. El testimonio pertenece a Miguel Rodríguez Godoy, 28 años, de Talarrubias y enfermero de Emergencias del hospital Universitario de Badajoz. Empezó a trabajar justo el 14 de marzo, en el momento en que se decretó el Estado de Alarma. «Para nosotros la segunda ola ha sido bastante peor, además, fue cuando empezamos a ver que la multitud por temor no había venido a Emergencias por sus dolencias recurrentes y cuando ahora lo hacían el estado de su patología se encontraba muy adelantado».

¿El Plan de Navidad? «No nos encontramos como para incrementar el número de personas en las reuniones. Ojalá me confunda, pero vamos a tener un repunte», expresa. «Lo cierto es que física y emocionalmente no nos sentimos preparados para una tercera ola», añade.

« también quiero cenar con mi familia y ver a mi sobrino, mas ahora vendrán tiempos en que tengamos la posibilidad llevar a cabo lo mismo que antes. Sé que no es moco de pavo, mas hay que adaptarse».






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