El documental ‘Palabras para el fin del mundo’, de Manuel Menchón, presentado este domingo 25 en el Seminci Valladolid, revela una serie de irregularidades cometidas tras la muerte de Miguel de Unamuno y cuestiona la versión oficial de la muerte admitida hasta el momento. Esa historia oficial, del historiador José María Ramos Loscertales, se basa en el testimonio de Bartolomé Aragón Gómez, un joven falangista, supuestamente exalumno y amigo de Unamuno que fue a visitarlo la tarde del 31 de diciembre de 1936 y el único presente en la sala al momento de su muerte.

La película es el resultado de más de una década de investigación y ha contado con la colaboración de los herederos de Unamuno y sus biógrafos y destacados estudiosos de su figura, Colette y Jean-Claude Rabaté, entre una veintena de expertos y una treintena de instituciones que se recogen en el dossier de la película.

LA DISPARIDAD MÁS IMPACTANTE

A partir «de datos verificados y declaraciones y documentos oficiales», Menchón reconstruye lo ocurrido horas antes de la visita de Bartolomé a entierro apresurado de Unamuno a la mañana siguiente, sin esperar las 24 horas que tenían que pasar al menos, según la legislación vigente.

La disparidad más sorprendente es el registro de la hora de la muerte. Aunque los familiares y testigos aseguraron que ocurrió entre las 6:00 p.m. y 6:30 p.m., el certificado de entierro emitido esa misma tarde en la parroquia lo adelanta a las 5:00 p.m. Este documento teóricamente no podría obtenerse sin el certificado de defunción, pero este certificado se redactó al día siguiente en el juzgado a primera hora de la mañana y fijó la hora del fallecimiento a las 16:00 horas, es decir, cuando Aragón Aun no había llegado a la casa. Aragón no asistió a la firma del acto como testigo, el testigo que aparece en el documento «es un desconocido para la familia».

Menchón también destaca que no se realizará ninguna autopsia. Una hemorragia bulbar, causa certificada de su muerte, es un tipo de hemorragia intracraneal y ya en ese momento cuando se produjo una muerte súbita se consideró «muerte sospechosa de criminalidad» lo que requirió una autopsia judicial, ya que es posible provocarla. «con poca o ninguna señal externa».

El médico que certificó la muerte de Unamuno, el médico Adolfo Núñez, Recomendó que Aragón abandonara la habitación «dado su estado de ansiedad». Este último se encerró en su habitación de hotel y esa misma noche mecanografió lo sucedido y entregó el documento a Ramos Loscertales que había venido al hotel a verlo. La información aparece publicada en un libro el 16 de enero de 1937, solo 16 días después y es la que recoge las que han trascendido como las últimas palabras de Unamuno antes de desvanecerse: «¡Dios no puede darle la espalda a España! ¡España se salvará porque hay que salvarla!»

LA IDENTIDAD DE ARAGON

Menchón también cuestiona la relación de Aragón con Unamuno. No ha podido constatar que fuera un ex alumno suyo, ni hay constancia de que hubiera estado antes en la casa. Ese día iba a acompañar al rector de la Universidad, Esteban Madruga, El pretexto no está claro, pero no viene a última hora porque tiene que asistir a un funeral. Aragón fue recibido por la asistente Aurelia, quien escuchó gritos en dos ocasiones y la segunda vez subió y encontró el cuerpo inerte y Aragón fuera de su mente.

En cuanto a la identidad de Aragón, se revela que participó en el sangriento levantamiento de Huelva, que organizó la quema de libros en la cabecera de la Falange de la ciudad y que fue director del diario ‘La Provincia’, antes de trasladarse a la Universidad de Salamanca el 36 de noviembre, para enseñar y «depurar profesores».

Todo el documental es una recreación de fuentes históricas con actores que dan voz a los protagonistas, desde Jose Sacristan (Unamuno) a Antonio de la Torre, Marian Álvarez, Víctor Clavijo o Andrés Gertrudix.

EL TESTIMONIO DEL NIETO

El único testimonio en cámara es el de Miguel de Unamuno Adarraga, nieto del autor de ‘La tía Tula’ o ‘Niebla’, que cuenta cómo los falangistas se presentaron en la casa al día siguiente de la muerte de su abuelo, sin previo aviso, y se llevaron el cuerpo para inhumación. «Lo agarraron hasta el final, no solo el cuerpo, sino con uso propagandístico, tratando de presentarlo como un fascista», dice.

El documental repasa la vida de Unamuno desde que regresó del exilio en 1930 y se convirtió en una de las piedras fundamentales de la Segunda República hasta su muerte seis años después. Afecta y da una nueva dimensión al célebre episodio del enfrentamiento con Millán Astray en el acto oficial del 12 de octubre de 1936 en la Universidad de Salamanca, con el testimonio de Ignacio Serrano, inédito hasta hace menos de un año, cuando sus biógrafos lo incorporaron a una revisión actualizada de «El trágico resentimiento de la vida».

Serrano era profesor de Derecho Civil, presenció ese desencuentro y lo transcribió en el momento en que se produjo. «Ganar no es convencer, conquistar no es convertir, y lo que algunos llaman sin ningún fundamento la Anti-España es tanto España como la otra», atribuye a Unamuno. Y la respuesta del general: «Que muera la intelectualidad traidora, viva la muerte, viva Franco, viva España». Según las notas de Serrano, lo que más irritó Millán descarriado Es la mención que hizo Unamuno a José Rizal, escritor y héroe de la independencia de Filipinas fusilado por los españoles.

DOS LETRAS SIGNIFICATIVAS

Aunque mucho se ha debatido en los últimos años sobre la literalidad de las palabras pronunciadas ese 12 de octubre, lo que el documental pone negro sobre blanco son las graves consecuencias que tuvieron para Unamuno. Hay dos cartas importantes, una enviada por Francisco Bravo, jefe de la Falange de Salamanca al hijo de Unamuno, reprochándole su discurso: «Sería doloroso si a tu padre, cuya aportación al Movimiento Nacional ha sido tan magnífica, le pudiera pasar algún incidente desagradable».

En una carta posterior, fechada sólo diez días antes de su muerte, es el propio Unamuno quien asegura estar «preso disfrazado» y agrega: «Me tienen como rehén, No sé qué ni por qué, pero si tienen que matarme, como otros, será aquí en mi casa. «


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