Año 15 antes de Cristo. Toda la Galia está ocupada. Ah, no, lo siento. Año 15 antes de Cristo. Eméritos han llegado a Augusta Emerita, Augusta del emperador Augusto y emérito porque fueron los graduados de los ejércitos romanos y el cónsul Marco Vipsanio Agrippa quiere ver el teatro romano que él mismo promovió.

Y llama a Plauto, que quiere cobrar regalías. Se trata de querer, ya ves. La obra elegida es ‘La comedia de la cestita’.

En Mérida tenemos el problema de que, si nos dicen «La comedia de la canastilla», no sabemos qué es. ¿Que quieren ellos? Durante años hemos escuchado al profesor Luis Argüello hablar sobre la Cistellaria.

Es la primera vez que la vamos a ver en el teatro romano, en el Festival de Adultos. Lo hemos dicho muchas veces: en la Juventud Europea del Teatro Greco-Romano, que este 2020 no podría ser, son mucho más aventureros, arriesgados y valientes a la hora de abordar obras clásicas: no tienen que girar ni negociar co -producciones o cachés. Pepe Quero, el director de esta Cistellaria (perdón: ‘La comedia de la cestita’) dice que quizás nunca se haya puesto en escena porque hay que reescribirla: no está completa, como muchas de las obras grecolatinas. Y Plauto, en fin, Plauto creó, mantiene Quero, todos los arquetipos. La del esclavo astuto, la del avaro, la del amante impenitente, la mujer enamorada, los dioses licenciosos … Y, por eso, Molière, Shakespeare o Chéjov bebieron de él.

Todo esto lo cuenta Pepe Quero, que nació payaso y morirá payaso, con toda la sabiduría de esa locura que tienen los que saben mucho del oficio y terminan riéndose de todo porque, finalmente, nos hace falta reír. después de dos meses de encierro que no se han olvidado, aunque a veces lo parezca.

Sabíamos que iba a ser un musical en cuanto vimos los nombres de Alex O’Dogherty, Itziar Castro o Jimmy Barnatán (a quien hemos ultrajado tanto como a Esteve Ferrer), pero la plantilla no podía ser más compacta: María Esteve. , Rosa Merás, Mariola Fuentes, Falín Galán y Juanfra Juárez se ponen a las órdenes de Quero para contar la historia de Selenia, la hija de un panadero «comisionista», aclara Mariola Fuentes, que es algo de lo que sabemos mucho en España, desde el primero de nuestros hombres.
Selenia es la hija del panadero, pero en realidad no es su hija. Ella está enamorada de un noble. Alcesimarco, Alesimarco, Alex-y-Marko, Dios sabe cómo se llama este tipo porque nadie sabe cómo pronunciarlo y qué diferencia hay. El padre de Alcesimarco (sabemos su nombre plautiano) no aprueba esta relación porque tiene puntos de vista más elevados. Quiere que su hija se case con el hijo de Demifon, que es, por supuesto, rico.

¿Quién no quiere un heredero rico en su vida?

Es Plauto quien dirige a los actores y en su compañía hay alguien nuevo, Auxilio. En realidad Auxilio no es nuevo porque ya estaba en la Cistellaria, pero ya sabéis que la mitad de la obra se perdió y Pilar G. Almansa se ha encargado de su dramaturgia. Ayuda aquí es un músico que parece esconder algo. Jimmy Barnatán (qué hermosa voz tiene Jimmy Barnatán) no quiso contarnos más.

Tenemos que verlo.

«Alcesimarco pelea por Selenia, su madre busca la canastilla en la que se la dio a su criado y su tía Lena se emborracha (todo dentro del papel), Plauto se enfrentará a Auxilio en la batalla dramatúrgica del siglo». Nos lo cuentan en la web del Festival porque la rueda de prensa y el ensayo fueron una locura. Con las tragedias vamos a lo seguro: Medea mata a sus hijos y ama a Jason; Antígona entierra a Polinices; Electra quiere vengarse de Clitemnestra; En Tito Andronico (que mañana estará en Regina) muere hasta el apuntador porque Shakespeare la ensangrentó hasta el paroxismo. Sabemos lo que pasa, incluso nos conocemos de memoria algunos parlamentos. Incluso si las palabras cambian: «El hombre es un ser extraordinario» «No hay nada como el hombre».

La comedia es otra cosa. Hay que entrar en la comedia, es agotador para los actores y es mucho más difícil hacer reír a la gente que hacerla llorar. Una comedia es complicada: es casi como un cuento: como lo que es la historia para la novela. Hay que ambientarse, hay que señalar que los actores se lo pasan bien y, sobre todo, «hay que medir muy bien los tiempos, porque medio minuto puede ser infinito en una comedia», nos dice Mariola Fuentes, «y la broma es que te conviene, ya no funciona. También hay que saber parar cuando el público se ríe, para que te escuchen. Es necesario estar muy pendiente de lo que pasa en un escenario en el que todos corren y, al mismo tiempo, en una platea en la que hay, en sus mejores días, unas tres mil personas y, con coronavirus, mil quinientas.

Precisamente la pandemia ha hecho que, incluso, los más reacios a las comedias (uno de ellos les habla), este año son mucho más laxos y van al teatro gritando a la válvula real: «Dame lo que venga». Lo que viene es Plauto: Plauto es griego, es voluptuoso, habla de sexo, amores, más sexo, amor (más o menos) y hay música. Deja los prejuicios en la comedia, abraza la risa y tal vez incluso sal tarareando …


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